Compartir en redes sociales:
En todo el mundo existen cerca de 1.400 millones de adultos entre 30 y 79 años con hipertensión arterial (HTA), y dos tercios de ellos habitan en países de bajos ingresos, según datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) correspondientes a 2025.
En Chile, los resultados de la Encuesta Nacional de Salud indican que la prevalencia de HTA alcanza el 27,3%, con un aumento progresivo asociado a la edad y una mayor magnitud en personas con menos años de escolaridad. Asimismo, estimaciones de la OMS situaron la prevalencia de hipertensión en el país en torno al 36% en 2025, cifra superior al promedio mundial, estimado en 33%. En personas mayores de 65 años, la HTA supera el 70%.
El consumo de sal juega un rol clave en la presión arterial, ya que una ingesta elevada de sodio favorece la retención de agua en el organismo, lo que contribuye al aumento de la presión. La OMS recomienda consumir menos de 5 gramos de sal al día; sin embargo, en Chile esta cifra es ampliamente superada, con un consumo promedio que fluctúa entre 9 y 12 gramos diarios, dependiendo de la referencia consultada.
El nutricionista Mauricio Sotomayor, académico del Departamento de Salud Pública de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, señaló que “otro factor que influye es el sodio oculto, que corresponde a aquel presente en alimentos procesados y ultraprocesados, encontrándose, por ejemplo, en snacks, sopas deshidratadas, comida rápida, salsas y embutidos, entre otros”.
Respecto de los principales errores alimentarios de la población chilena, el especialista explicó que uno de ellos es el consumo excesivo de alimentos procesados y ultraprocesados. A ello se suma la percepción de que solo se debe controlar la sal que se agrega a las preparaciones, cuando una parte importante del sodio diario proviene de alimentos industrializados. Además, advirtió una escasa atención a la lectura del etiquetado nutricional de los productos.
Para mantener una presión arterial dentro de rangos saludables, existen alimentos que aportan nutrientes clave como potasio, fibra dietaria, antioxidantes, fitoquímicos y ácidos grasos esenciales. Entre ellos destacan frutas y verduras, legumbres, frutos secos sin sal añadida, pescados, cereales integrales, aceite de oliva y lácteos bajos en grasa.
Estos alimentos forman parte de la dieta DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension), que en español se traduce como “enfoques alimentarios para detener la hipertensión”. Este plan alimentario fue desarrollado para prevenir y controlar la hipertensión arterial, comprobándose sus beneficios en la reducción de la presión arterial y del riesgo cardiovascular asociado.
Mauricio Sotomayor indicó que “además de incorporar estos alimentos, también es posible realizar cambios simples que generen un impacto real, como reducir gradualmente la cantidad de sal al cocinar, reemplazarla por hierbas y especias, evitar tener el salero en la mesa, disminuir el consumo de alimentos procesados y ultraprocesados, y aumentar la ingesta de verduras, frutas y legumbres. Asimismo, se recomienda limitar el consumo de embutidos y comida rápi